
En medio de los gratos saludos navideños, nos llegó desde Madrid el 25 de diciembre 2015 la noticia del fallecimiento del colega Osvaldo Parrondo, periodista, publicitario, comunicador y muchas cosas más, nacido en Buenos Aires, Argentina. Su hija Lía Parrondo, a los pocos días, en su newsletter “Boletín Argentino” anunció que cesaba la difusión del mismo. Se había apagado la llama creadora e impulsora.
Un amigo en común… el nada común Alberto Bono nos puso en contacto años atrás. Después se piantó “El Flaco” bandoneonista y pintor del tango, pero con José Vatalaro seguimos el chamuyo y fuimos publicando relatos suyos que pintan a la Rosario que es también un punto de convergencia, esa Cuna de la Bandera en Argentina.
Un día, visitando el Diario de Cádiz, buenos amigos, me ofrecieron un alfajor, ya que habían escuchado decir que los argentinos somos muy dados a comer este dulce… tenía delante de mí como unos salamines o chorizos criollos pero envueltos en papeles coloridos. Lo abrí, lo probé y sí, era un dulce, se llamaba Alfajor de Medina Sidonia, o sea de esa provincia de Cádiz, Andalucía, de donde salió una vez Colón para América y también partió el navegante Magallanes.
Años atrás tuvimos una larga charla con Roberto Chavero, hablando de sus cosas y de Atahualpa Yupanqui. Una noche de Buenos Aires, la capital de nuestra Argentina se reunieron con mesa y mantel dos grandes del canto y la guitarra, Don Ata y Edmundo Rivero. Roberto era un niño y con lógica curiosidad vivió esas horas. Así lo recuerda.
Es la historia de un inmigrante,
Vamos al encuentro de Alicia Marino, nieta de Alfredo Marino, para recorrer la vida de este creador de tangos, cantor, actor, guitarrista y que hizo muchas más cosas…
Como digo en el vídeo que ilustra esta nota, casi a diario vuelvo a hacer el trayecto desde mi casa, giro en la esquina del almacén de don Juan Bessone, Sociedad Italiana Guillermo Marconi, cruce a la panadería de los Bertapelle, mirada desde la otra vereda a la librería de Porto para saber si llegó el Billiken, Hotel Bosco, donde el tío abuelo Juan Bosco o algunos de sus hijos nos decían siempre algo a Mechi y a mí, junto al obsequio de algunos caramelos… y la diagonal, pasando junto al mástil en construcción de la Plaza 9 de Julio, hacia la Escuela José María Paz. En estos días setembrinos del 2014, más aún están presentes aquellos otros lejanos, cuando mis paisanos celebran el Centenario de la institución baldisserense, piedra angular de su cultura.

Nos dijo Jesús Alonso Olveira años atrás: Les cuento cómo nos fuimos de nuestra tierra, Finistirre y A Coruña, la partida desde Vigo y las primeras vivencias al llegar a Buenos Aires, en Argentina. En la ciudad de las Rías Baixas en la provincia de Pontevedra nos alojamos en una pensión, luego de bajar el equipaje del camión y acomodarnos en un cuarto. Estaríamos ahí hasta embarcar en el Monte Udala que aún no había arribado, lo haría dos días después de nuestra llegada. No salimos de la pensión hasta que fuimos a embarcar, porque mi madre no tenía dinero para llevarnos a pasear y además no conocíamos a nadie y el ambiente nos era desconocido.