
De pronto estiró su mano, tomó la servilleta y la extendió sobre la mesa. Tomó su lapicera y, casi a escondidas, escribió algo en ella. Casi nadie observó el gesto. El restaurante seguía con su movimiento habitual, la conversación seguía muy animosa y casi todos participaban animadamente de ella. Sin embargo, el gesto del escritor había sido observado. Así comienza su relato con recuerdos de su adolescencia Roberto Chavero, el hijo de Atahualpa Yupanqui
Cuando Lola Flores visitó por primera vez Argentina fue para actuar en el teatro Avenida, inaugurado en 1908, de Avenida de Mayo 1222, Buenos Aires, la alojaron en la Avenida de Mayo, muy cerca del teatro donde se presentaba, en el Barrio de Monserrat. Cuando pasaron los días le pidió a un colaborador que residía en Argentina “¿Cómo se puede hacer para conocer un argentino?”. Estaba en un apéndice de España en la ciudad rioplatense, es decir, la Avenida de Mayo.