
Durante años ya coincidíamos en La Madrugada de Juan Imperial, Guillermo Albarado desde Benalmádena, Málaga, con sus saludos matutinos al programa y el que suscribe, que decíamos antes, desde Pontevedra, la otra punta de España, con mis participaciones de Argentina Mundo de los miércoles a las seis y pico de la madrugada argentina. Un día lo llamé en privado, estaba en Benalmadena, allá por Abril 2013. recién llegado desde Buenos Aires. Esta fue la charla
Vamos a glosar la vida, obra y milagros de Antonio Carrizo, bonaerense de General Villegas que esconde un pasado italiano en su apellido trastocado, como tantos profesionales del periodismo, la radio, el cine o tango de Argentina. Señor de la Radio sí, aunque haya realizado importantes ciclos de televisión y con gran pericia y acierto. Pero lo suyo fue la radio más muchas aficiones en materias que en otros serían profesiones
Sí, es Tango con mayúsculas, de alta escuela. Un gigante en un pequeño envase con una gran inteligencia y señorío. Casi centenario, Horacio Salgán crece y crece, aún cuando ya no presenta su arte en público. Como muchos grandes del tango, es del Abasto, ese barrio de la parroquia de Balvanera. Como muchos proviene de una familia humilde, como muchos lo viene tocando al piano desde la niñez, aunque la formación académica fuera clásica. En los cines de su barrio se ganaba unos pesos muy necesarios y muchas veces los acompañamientos de las imágenes eran tangueros.

Miramos a lo lejos en el tiempo y la distancia, desde Galicia, hacia esa extraña esquina de Tucumán y la Avenida Belgrano, en Rosario, no lejos por cierto del Monumento Nacional a la Bandera. Frente al viejo puerto, asomada a la noche que es propicia al chamuyo por lo bajini mientras suena el ritmo único del 2×4, encendía sus luces y vestía sus mejores galas cada fin de semana La Cueva del Tango, cita de muchos rosarinos y gentes del tango que llegaban a veces de bien lejos
Cuánto se puede decir de este hijo de italianos nacido en el corazón de la provincia del Chaco, en Argentina, allá por Baranda. Luis Landriscina llegó casi al finalizar el año en el que Gardel se piantaba, 1935.
Porque eso era cada día nuestro renovado encuentro con las mágicas ondas que nos traían la ciudad al campo, que nos aporteñaban aunque vivíeramos a centenarios de kilómetros de Buenos Aires, la capital de Argentina. En las casas de los campos argentinos, con la llegada del transistor era normal ver colgada de una enramada o sobre la mesa donde se toman los mates, un aparato a todo volumen. Era y es la ventana al mundo, la más directa y que lleva a imaginar las cosas, por lo tanto, no somos oyentes pasivos, terminamos de adornar con imágenes lo que vamos escuchando.