
Casi a diario Carlos Sánchez nos regala a los amigos un poema. Así, a diario, nos emociona. Tal vez porque nació en un barrio como Parque Saavedra de Buenos Aires, tanguero y multiracial. Vio bailar el tango a Copes desde antes de ser Copes y tiene esa cadencia en el hablar que le llega a los escritos bien amasados para emocionar, hacer pensar, reflexionar. Tambien ha escrito novelas, relatos y cuentos.

Georgina Bortolotto residió muchos años en Vigo , diplomática de carrera, desarrollando ahora sus actividades en Galicia, Asturias y León. Tras una larga carrera, que concluyó como Cónsul en el Consulado de la República Argentina de esa ciudad gallega, luego ha emprendido nuevos rumbos empresariales. Actualmente vive en Coronda, su cuna natal en la Provincia de Santa Fe, pero queremos recordar sus palabras…
Sí, Argentina es nombre de mujer en muchos países europeos, y como tal se viene utilizando desde finales del Siglo XIX y comienzos del XX, cuando los flujos emigratorios a la República Argentina eran muy importantes. Entonces solían ponerles familias españolas, italianas y de otros países, a la primera bebita que nacía tras la ida a Buenos Aires y a otras ciudades de sus familiares, ese nombre, Argentina.
Como otros muchos argentinos que residen en Málaga capital y su andaluza provincia, Andrés Montesanto llegó a nosotros a través de Marcel San Felice, colega comunicador con tantísimas cosas hechas en esa región.
La vida nos da oportunidades cada día y para mí, una muy grata ha sido contactar con el Dr. Ángel Eduardo Quartucci, su hijo. Lo hice a través de la cantante española Ángeles Ruibal, con quien compartió un grato momento en el Hotel Castelar de Buenos Aires, al inaugurarse como museo la 
Cuando llegué a España supe de él por el fútbol. Tras ser jugador en varios equipos de la liga española, siguió en los banquillos como fisioterapeuta. Desde siempre, en Argentina, ha gustado de la música y cantar. Eso también continuó cuando retornó a su tierra natal. Así es José Antonio Aramayo Lazcano
Cuando era pequeño, los dos primeros gallegos que sentí nombrar fueron Rosalía de Castro y Castelao. A la gran poetisa de Padrón la recité en galego en mi escuela de primaria en Rosario, un 12 de octubre de 1957, Día de la Raza como la llamábamos entonces en Argentina a la Fiesta de la Hispanidad, estando en sexto grado. Agradezco a la Señorita Matilde que me hubiera hecho conocer el gallego, con esos paixariños piadores… y los muiños do castañares.