
Consuelo llegó siendo muy pequeña al puerto de Buenos Aires, Argentina. Cuando amarró el trasatlántico Alcántara de la Mala Real Inglesa, buque correo, de pasajeros y cargas, la familia Bermúdez que llegaba de Vigo, cruzaba sus miradas llorosas con las del padre y hermano que ya vivían desde hacía unos años en la capital porteña… toda una historia de inmigrantes la de Consuelo Bermúdez.
Cuando llegué a Madrid me encontré con el canto limpio y los temas cargados de un contenido inteligente del Dúo Olga Manzano – Manuel Picón. Hoy, pasados los años, voy al encuentro de esta sanjuanina, de Angaco, Argentina, que supo conquistar España y es ahora mismo una talentosa profesora y músicoterapeuta. Me bajo en Estación Puerta del Ángel de la Línea 6 del Metro de Madrid y a poco de andar doy con el Estudio Olga Manzano, en Saavedra Fajardo 7, pegado a la Avenida de Portugal y el Paseo de Extremadura




Con el saxo en ristre y el piano de los escenarios, Blas Rivera, caminador y corredor de caminos, va llevando su arte musical atesorado por una formación, espíritu y vivencias que quedan plasmados en cada actuación, en cada grabación. Blas, nos apetece situar a los entrevistados, emigrantes que somos todos, en sus lugares de nacimiento o de la infancia. Nos vamos a nuestra Córdoba, la de Argentina, aquella Córdoba de la Nueva Andalucía que es tu cuna
He legido el verbo entrevistar pues corresponde a la mayoría de los casos con cantores de tango con quienes compartí momentos en el micrófono. En otros casos fue en escenarios, al presentarlos. El primer cantor que ví fue, con 7 años, Héctor Mauré en la Sociedad Italiana Guillermo Marconi de mi pueblo, General Baldissera.