• Domingo Amaison en Argentina Mundo - Camino a Buenos Aires

     

    En nuestra primera etapa recorriendo la vida de Domingo Amaison, nos ha contado el gran atleta de Argentina sobre sus comienzos en Córdoba  Lo dejamos ya adolescente, ahora nos cuenta de su entrada en la juventud. Este deportista que sigue siendo una piedra angular del atletismo en la tierra del Plata, habla de su pasión deportiva, pero aún más habla de la vida, del acontecer en nuestra tierra en sus décadas de actividad como fondista y corredor de maratones

     

     

     



    Hicimos un repostaje de agua, para seguir la marcha estimado Domingo Amaison. Le doy la largada…

    Domingo Amaison en plena faena, corriendo uno de sus muchos maratones, llevando a la bandera de  Argentina bien arribaLes cuento que estuve enrolado como cadete en la Escuela de Tropas Aerotransportadas, quería ser paracaidista. Teníamos cuatro horas todos los días de aula para los que no sabíamos leer y escribir, esto me ayudo  un montón, pude aprender a leer y escribir lo necesario para la lucha que vendría. Venía el almuerzo, siesta de una hora, y a continuación la instrucción. En aquellos años, cuando se fundó la Escuela de Tropas Aerotransportadas de Argentina, no se exigía tener estudios básicos para la incorporación. A los siete meses allí adentro sufrí un accidente en las prácticas, me trataron cuatro meses. Cuando sentí que estaba bien de salud pedí la baja y volví a tomar los canastos y a la calle. Las quintas de verduras y frutales comenzaron a desaparecer, fueron copadas por las construcciones de los nuevos barrios, había mucho trabajo. Allá fui a trabajar de peón de albañil, quería hacer deporte, quería correr, mis amigos me acompañaban en cada evento, pero los baldes con cal y los ladrillos que había que acarrear me reventaban. Volví con los canastos pero ya no había muchos productos tales como fruta y verdura para negociar. Muchas veces me iba con mi canasto y un mantel blanco que mi madre me prestaba, a una gran panadería que había en el viejo barrio de Bella Vista. Solía comprar entre  cuatro y seis docenas de facturas, esas ricas masas, y salía a venderlas por el barrio. Ya cuando tenía la recuperación del dinero que había gastado en ellas, me volvía a mi casa con el resto del producto y nos hacíamos un festín con mis hermanitos, y muchas veces mi madre invitaba a otros chicos vecinos a tomar la "leche" que no era otra cosa que el mate cocido, o bien como se le llama en Córdoba el "yerbíado". Cuando éramos muchos y no había tazas para todos, se tomaba en platos enlozados, maravilla de épocas y miserias, pero era lo que había!            


    Buenos Aires, ese gran imán de los provincianos, lo atrapó ¿O es que se hacía indispensable estar allí para desarrollar su actividad en el mundo del atletismo?

    Domingo Amaison con atletas de su tiempo, en acto de homenaje en ArgentinaDéjeme decirle antes de desarrollar este punto que se refiere a Buenos Aires, que en el mes de septiembre de 1948, realice mi primer viaje a gran capital de Argentina. Lo hice junto con cuatro amigos, todos ellos mayores que yo, fue un verdadero viaje  de polizón. En aquella época era muy común ver a la gente viajar en los trenes de carga que transportaban leña, carbón, piedras, trigo y harina que llegaban a los distintos puertos, ya fuere Rosario, Campana, o Buenos Aires.

    Recuerdo que nos fuimos en un carro con un amigo que nos llevó desde la ciudad de Córdoba hasta Ferreyra, que está sobre la vieja Ruta 9. Allí, con el previo permiso del guarda, ese que iba en la cola del tren en su casilla color rojo, el que mandaba en nuestro grupo habló con él y le dijo que nos bajaríamos en Rosario. "Fue una mentira piadosa", nos dijo. Nos metimos en un vagón que estaba vacío, supuestamente era para cargarlo en algún lugar. Unas doce horas para llegar a Rosario. Al llegar a la Estación Rosario Norte nos bajó la policía. Allí estuvimos más de una hora sin saber que haríamos. Era de noche, el tren parado, en un momento paso cerca de nosotros un guarda, que  en definitiva era  el que remplazaba al que venía de Córdoba. Este buen hombre nos dijo “Muchachos, si quieren viajar, vayan hasta la barrera, allí el tren pasa muy lento y podrán subir. Aquí la  policía no los va dejar. Así fue, salimos todos casi corriendo con los bagayos bajo el brazo. La barrera estaba a unos 300 m, de donde estaba parado el tren, allí subimos

    ¡Vaya aventura Amaison! Por esos viajeros furtivos se creó la llamada Ley Crotto, por el gobernador de la Provincia de Buenos Aires que la implantó muchos años antes, en los `30. Y así surgió “los crotos”

    ¡Mire usted! Llegamos a la Estación José León Suarez, allí estuvo el tren detenido mucho tiempo. Nos bajó la policía. Un oficial nos preguntó de dónde veníamos. Nos recomendó tomar un colectivo para llegar a Retiro, pero al final, volvimos a trepar al tren y llegamos a Retiro. Ya no teníamos problemas, estábamos en la gran capital, en "La cabeza de Goliat" como yo la he denominado. Cada uno de los cinco salimos a caminar y pedir trabajo en las obras, en los  restaurantes y en cuantos lugares veíamos que había movimiento de gente. Yo me metí en un bar y antes de preguntar si tenía trabajo, un viejito que estaba detrás de la barra, me miro y me dijo “¿Querés trabajar? Pasá a lavar las cosas en la cocina” A las siete de la tarde estábamos todos con trabajo y reunidos en la Plaza de Los Ingleses. Desde allí nos fuimos caminando hasta la Av. de Mayo y nos metimos en el Hotel Chile. Así fue mi debut en Buenos Aires. El final de este viaje fue que solo llegamos a estar allí unos veinte días y volvimos todos, pero ya en la empresa de ómnibus ABLO GENERAL URQUIZA. Pagamos en ese entonces 27 pesos de la época por el boleto de regreso a la provincia de Córdoba.

    Fue una buena demostración de coraje como anticipo de alguien como Ud. Domingo Amaison, que luego se paseó por el mundo…
     
    El atleta argentino Domingo Amaison ha continuado ligado al atletismo de Argentina como dirigente y organizador de carreras Así es. Como Ud. dijo, Buenos Aires fue, es y será siempre un "imán" para el provinciano. Se dice que "Dios atiende en Buenos Aires” Años después de este viaje como polizón y tras ver en aquella época de cómo se vivía allí, lo que realmente me impactaba, no tenía  dudas de que tenía que volver, aun sufriendo el terrible desarraigo que eso implicaba. Al regresar de aquel viaje comencé a ordenarme y tener tiempo para entrenarme. Un domingo por la tarde andaba con un grupo de amigos por los alrededores del Jardín Zoológico, cazando pajaritos y alguna iguana que aparecía aún por esos lugares del Parque Sarmiento. Llegamos a un lugar y veíamos que había movimiento de gente, haciendo deportes. Vemos que estaban corriendo alrededor de lo que después supe que era una pista. Ahí se me encendió la lamparita o, mejor dicho, Dios me iluminó! En ese entonces yo fumaba, un cigarrillo que era aromatizado, se llamaba Wilton. Recuerdo de haber metido la mano en el bolsillo de atrás de mi pantalón y deslizar el paquete entre las plantas de ligustrínas que hacían de cerco y sin que mis amigos se dieran cuenta y dejar los cigarrillos allí.

    Domingo Amaison  “Un recuerdo especial para mi profesor Luis Oliva”


    El atleta Domingo Amaison pasando frente a Editorial Atlántida de Buenos Aires en la disputa de la maratón que organizaba la Revista El Gráfico de Argentina Al siguiente día, lunes, me fui al Parque Sarmiento, donde había estado el domingo. Era tarde y me arrimé a un muchacho que estaba haciendo gimnasia con otras personas y le dije que yo quería correr. Me señaló a un señor. Fui hacia él. Era el entrenador del Gimnasio Provincial, Luis Oliva. Fue mi formador en todo sentido, cosechamos junto varios éxitos deportivo en mi provincia de Córdoba; realicé varios viajes a Buenos Aires bajo su conducción con la idea de conseguir primero un buen trabajo y luego un club que me pudiera contener. Era muy joven y el profesor, siempre me hacía saber que yo necesitaba contención, así empecé a "navegar" en esa búsqueda de la CONTENCIÓN. El Club Boca Juniors fue en principio el interesado, pero el trabajo no aparecía, aquí guardo sendas cartas, entre ellas hay una que me hace saber que debido a no poder conseguirme un trabajo me dejan en libertad de acción para que busque otro club. Así fueron varios años. Corría allá y volvía.

    Domingo Amaison  “Mi amigo cordobés Alberto Ochoa”

    Un día baje a correr a la Capital Federal. Allí encontré un amigo de Córdoba que ya estaba residiendo allí y me dijo que el Club Atlético Independiente tenía interés en llevarme para su equipo. Le comenté que estaba a su disposición siempre que me consiguieran un trabajo y poder entrenar. Regresé a Córdoba y pocos días después me llega una carta, que aún guardo, de Independiente ofreciéndome entrenar un  tiempo con ellos y si me adaptaba al medio, fichar para el club, mientras tanto ellos irían buscando un trabajo para poderme emplear y entrenar, ya que este amigo, Alberto Ochoa, les había dicho que yo solo ficharía si se me conseguía un trabajo. Con la carta en la mano de abril de 1956 lo vi al Profesor Luis Oliva. Me dijo “Domingo, ha llegado el momento, vamos a entrenar bien hasta mayo y luego usted se va. Esta gente por lo que dice la carta es seria”  El 4 de mayo me embarque en el ABLO GRAL URQUIZA, llegue el día 5 de mayo.

    Domingo Amaison “Al Colón con doña Mercedes de Boucher”

    El gran atleta argentino Domingo Amaison, nacido en Córdoba, Argentina, durante la disputa de una prueba que ganóFui a parar a la casa de una familia que había conocido en 1952 durante la Maratón de Los Barrios, que era organizada por la Revista El Gráfico. Recuerdo que en esa carrera sufrí un accidente de tipo intencional, estaba colocado segundo y llegando al estadio de  Gimnasia y Esgrima, donde finalizaba la prueba, a mi lado un ciclista (eran común tenerlos al lado), que resultó ser el cuñado del que venía en tercer lugar y tuvo la infeliz idea de sacar uno de sus pies de la bici y hacerme lo que se llama, la zancadilla. Esto me costó una internación en el Hospital Fernández, en Palermo. Guardo la foto de este personaje y el comentario del periodista. El señor Marina que salió de testigo. Resultó ser hincha de San Lorenzo, tenía su suegra viviendo en la calle Uruguay y Córdoba. Cuando salí del Hospital me llevó a la casa de su suegra, Doña Mercedes de Boucher, era francesa. Cada vez que yo viajaba a Buenos Aires iba a parar a su casa, ella tenía por costumbre ir todos los jueves al teatro Colón que estaba muy cercano a su casa, me pedía que le hiciera compañía y cada jueves cruzábamos  la Plaza Lavalle y entrábamos al Colón. Tenía una credencial que le permitía entrar sin pagar.

    ¡Qué le parece! Usted hizo cierto de aquello de “Al Colón” como buen anticipo de su carrera…
     
    El atleta Domingo Amaison en una de las muchos ocasiones que representó a la Argentina a nivel internacionalYa ve! El 8 de mayo llegó a buscarme un dirigente del Club Independiente. Llegamos a la cancha del Club en la calle Cordero 787 de Avellaneda, era ya muy de noche, bajamos. Me dijo “Usted va a vivir aquí, en la concentración del Club. Sacó una vela de la guantera de la moto, buscó los fósforos, prendió la vela y así entramos, era algo tétrico!!! Con el ruido y la vela encendida en la mano empezaron a salir murciélagos y palomas volando. Era un verdadero nido de "ratas voladoras", había que caminar adentro unos 50 m debajo de una de las tribunas del club. Allá fui con mi osamenta y lo poco que tenía de valor. Me metí en una pieza que seguramente debía hacer años que no se abría y ventilaba, tenía una gran ventana que se habría con una palanca, una meza de luz y una cama zafaroni, toda de hierro, de las antiguas. Acostumbrado a dormir en el suelo, había un colchón de lana, eso era una joya! Techo muy alto y allá arriba buenas telas de arañas como haciendo compañía al nuevo y valeroso huésped. Pasé una maravillosa noche sumergido en pensamientos positivos. A todo eso agradecía silenciosamente lo que estaba logrando.

    Domingo Amaison “Aquel hijo de pontevedreses, Carlos Lavandeira”

    Quien me llevó aquella noche se llamaba Carlos Lavandeira, hijo de gallegos, sus padres eran de Pontevedra. Años después, cuando se realizaron Los Juegos Iberoamericanos en Madrid, Carlos se costeó el viaje, fue a verme y luego a visitar a sus parientes que estaban por esos lares de las Rías Bajas.

    Al día siguiente de instalarme allí apareció en "la cueva" con lavandina, trapos de pisos, jabón de barra, aquel que se hacía en las casas de campos con la pella de grasa de animal y un desodorante que me dejo por años su fragancia y mal estar. Nos pusimos a limpiar, lo acompañé y fuimos entrando en confianza, años más tarde este hombre fue uno de mis grandes amigos de mi juventud y, para completarla, fue el Secretario General del Club cuando Independiente salió primero Campeón de la Libertadores, ganándole al Santos de Brasil con Pelé dentro del campo, y después Campeón Intercontinental, ganándole al Milan de Italia.


    Domingo Amaison “Mi bulín había sido de Arsenio Erico y De la Mata”

    Volviendo a mi bulín, "la cueva", allí estuve varios años, pues ese lugar pasó a ser al poco tiempo de mi llegada, el lugar íntimo de muchos atletas y futbolistas del Club Independiente. La concentración tenía quince habitaciones amplias con tres camas cada una. La única que tenía dos era mi cuarto, en cada puerta había una chapa de bronce, pero su color se había perdido por el tiempo. Un día me puse a limpiar la que estaba en mi puerta, vaya linda novedad! En ella decía muy simplemente... Erico y De La Mata! Allí, en ese cuarto pase 9 años.  Disfruté de grandes compañeros de vivienda. Allí pasó “Hacha brava” Ruben Maldonado, el uruguayo Rolán, Santoro, los hermanos Varacka, Mura, Ferreiro, Cerrillo, y tantos otros.

    Domingo Amison “Cómo entré en la empresa Pérez Álvarez”


    Más premios para el atleta Domingo Amaison, nacido en Córdoba, Argentina El 13 de mayo entre a trabajar en una gran empresa, Pérez Álvarez. El dueño era un gallego muy hincha de Lanús, pero muy amigo de mi “padrino” Lavandeira. En esa empresa comencé a levantar cabeza, trabajaba como un burro! Había mucho trabajo y yo venía con hambre y tenía que laburar, no me perdía días y horas de hacer extras, al final del mes me quedaba en el bolsillos todo el sueldo, ya que las extras se pagaban en ese entonces al  finalizar el día de trabajo, el dinero corría y no faltaba nunca. Al mes me fui a Córdoba a visitar a mi familia, viajaba el sábado en la noche, ya que ese día trabajaba. Llegaba al siguiente, el domingo por la mañana, hacia las 6. Salía de regreso para Buenos Aires por la noche. Llegaba a las 6 o 7 de la mañana y entraba a trabajar.  Tenía la suerte de que el micro me dejaba a pocos metros del laburo. Grande esfuerzos, pero era lo que había que hacer si quería el progreso, en el deporte, y me las bancaba!!!. Comencé a comprarme ropa más o menos buena, hice otros viajes a Córdoba, dejaba todo el dinero a mi madre, solo me quedaba con lo que necesitaba para el viaje de regreso y comer un bocadillo del buen jamón serrano que se podía comer en Villa María donde paraba el micro.

    Domingo Amaison “Otro amigo, de Córdoba, Alberto Vélez Funes”

    Un día me llama por teléfono a la empresa donde trabajaba un amigo consejero de la Juventud Obrera Católica de Córdoba, Alberto Vélez Funes. Me dijo que quería verme, estaba saliendo de viaje hacia Italia, designado Embajador ante la Santa Sede. En concreto quería decirme que había vendido una fracción de tierra frente a la cancha del Club Talleres de Córdoba. Sabía que estaba trabajando bien y sacando buen dinero, le pareció oportuno avisarme para que comprara allí un terreno para mi futuro. Estaba enterado de mi situación a través de los amigos del barrio, con quienes nunca perdí el contacto. Cada vez que tenía que regresar a la Capital de Argentina iban en barra a la terminal de ómnibus de la Avenida Vélez Sarfield, era un pequeño "recoveco". Así fue, me dejo la dirección de la empresa que iba a lotear la fracción, y al poco tiempo compré un lindo terreno. Si bien se valorizó en forma exponencial cuando lo vendí, ya veía que no iba a vivir en Córdoba. Me traje el dinero y lo coloque en la financiera de Mario Macedevilla. A los dos años lo perdí todo. Era un gallego de Redondela, amigo de Lavandeira, el de Pontevedra. Un día desapareció y dejo el tendal!


    Domingo Amaison “Cómo conocí a Horacio Fernández Invernoz
     
    Una de las tapas (portadas) que le dedicó la prestigiosa revista deportiva El Gráfico de Argentina al atleta cordobés Domingo Amaison La empresa Pérez Álvarez me apoyo fuertemente en mi carrera deportiva. Si bien yo trabajaba duro ahí, el Sr. Pérez siempre me tenía en consideración. Cuando viajaba a distintos encuentros internacionales, sabía otorgarme permisos especiales, pasaba 15 o 20 días fuera del país y lo mismo me pagaba el sueldo, nunca me lo descontó. Allí conocí y fuimos compañero de trabajo con un tío de nuestro común amigo, Horacio Fernández Invernoz. Era hermano de su padre, se llamaba Manuel Fernández, a secas, ya que en aquella época y en Argentina no se usaba el segundo apellido. En 1958 me tocó ir a Chicago, Estados Unidos. Participé en los III Juegos Deportivos Panamericanos. Tuvimos con otro compañero de equipo un ofrecimiento para irnos a vivir a Chicago, y representar a la Universidad. Al regreso a la Argentina mi amigo armó las valijas y se marchó. Yo no acepte esa propuesta, estaba muy bien en el Club Independiente y en el trabajo. Para esa época  llegaron  varios eventos internacionales donde participé. Los más destacados fueron los Primeros Juegos Atléticos Iberoamericanos realizados en Chile en 1960. Tuve entonces otro ofrecimiento de Club Stade Françes, de Chile, que tampoco acepté, pues  estaba de novio con una chica brasilera que conocí en 1957 en Sao Pablo en aquellos tiempo, cuando iba a correr la Sao Silvestre paulistana. Tenía la idea de casarme con ella. Llegaron los Segundos Juegos Atléticos Iberoamericanos en Madrid, 1962, en el Estadio de Vallehermoso, en el barrio de Chamberí. Pude ver al "gran" Don Francisco Franco Bahamonde, descender de su helicóptero en pleno estadio.


    Domingo, desde España precisamente le digo que aquí hacemos un alto… que queda mucho para contar… Y también lo vamos a tener en Argentina Tango porque Ud. conoció a un cantor… ¡Todo llegará!

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